¡Grita! Curvy Zelma lanza el micrófono contra la pared. Sus ojos inyectados en sangre buscan a Josh Martínez.
La sala queda en silencio absoluto. Nadie respira. Ella no llora, tiembla de pura rabia contenida.
Todo empezó horas antes, con una risa nerviosa en la cocina. Josh creía que nadie escuchaba. Se acercó a Caeli y soltó veneno puro.
Dijo que Curvy era un chiste, que su cuerpo era solo marketing barato y que nadie la respetaba de verdad. Se burló de sus lágrimas, imitando su voz con crueldad. Pero el micrófono del confesionario estaba abierto.
El audio corrió por toda la casa. Curvy lo escuchó desde su cama. El dolor se transformó en fuego instantáneo.
Bajó las escaleras sin mirar atrás. Josh sonreía aún, ajeno al desastre. Cuando ella entró, la sonrisa murió.
Le escupió la verdad en la cara. Josh intentó negarlo, pero las pruebas eran innegables. Horacio intentó mediar, pero fue inútil.
La traición dolía más que cualquier golpe físico. Josh perdió todo el respeto en un segundo. Curvy demostró que no es débil, es una guerrera.
Esta humillación gratuita revela la podredumbre de algunos participantes. Creerse superiores por burlarse del dolor ajeno es de cobardes. Josh olvidó que estamos en vivo.
La arrogancia siempre tiene un precio alto y doloroso. La justicia emocional llega tarde, pero llega fuerte. Duele ver cómo la envidia destruye la convivencia.
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